Hay una nueva montaña mágica y está en Sella

Toda montaña sagrada que se precie debe cumplir tres requisitos. Haber sido pintada por un artista, alimentar una leyenda y continuar atrayendo las miradas y las pisadas. Un repaso por la orografía del misterio conduce hasta alturas de sacralidad indiscutida: Kailas (Tibet) Olimpo (Grecia), Ararat (Armenia), Tindaya (Fuerteventura), la Peña de Bernal (México), Fuji (Japón), Montserrat (Cataluña), Slakantay (Perú), Sainte-Victoire (Francia). Cada una de estas moles graníticas o calizas representa una invitación a la contemplación silenciosa y al recogimiento interior que su presencia inspira. Pero sobre todo supone una fuente de historias asociadas a mitos y creencias.

La literatura también está llena de cumbres. Precisamente una de ellas, La montaña mágica encierra un catálogo de referencias simbólicas que conectan con las pasiones terrenales y los designios celestiales. En la obra de Thomas Mann conviven el confín remoto, el Venusberg (Monte de Venus) y la seducción alpina. Cezanne convirtió la representación pictórica de la luz y su reflejo pétreo en obsesión. Gracias a su pincel, Sainte-Victoire compite con Fuji como el paradigma de la iconicidad natural.

Añadir una nueva referencia a esta cartografía reverencial de la eminencia topográfica resulta siempre osado. Pero merece la pena intentarlo. Así que se solicita el ingreso del Penyo Diví de Sella al selecto club de las montañas sagradas. Veamos sus credenciales.

 

1. El nombre enigmático (y un falso amigo).

divina roca

Peñón Divino o Penyo Diví. Con un nombre así el salto al top de las montañas parece inevitable. La referencia a la divinidad le dota de un aura mística, subrayada con una presencia monolítica. El emplazamiento como una de las jambas que enmarcan la puerta de entrada al misterioso Vall del Arc apuntala aún más el registro trascendente de uno de los techos de la provincia de Alicante (1.119 metros). Si accedemos a la cumbre desde el barranco de Tagarina, en la trasera de sus lienzos verticales, disfrutaremos de sensaciones sobrehumanas, solo al alcance de majestuosas aves de presa y de alados seres mitológicos.

Suena bien, pero no es exacto. El nombre tiene otra procedencia menos deificante. En realidad, es fruto de la conversión forzada de un personaje legendario, L’endeví (el adivino). Un ajuste fonético y el catolicismo consuetudinario obraron el milagro de convertir un topónimo basado en un santón morisco en una referencia al Dios de los cristianos.

 

2. La leyenda misteriosa.

 

El escritor Joan Borja ha rescatado saberes populares de las comarcas alicantinas en su libro Llegendes del sud. Y por ahí, entre páginas salpicadas de almendros en flor y atavismos, asoma su perfil aguileño el personaje de L’endeví. Una especie de Omar Jayam levantino. Un erudito árabe que sobresalía por sus aptitudes como astrónomo, algo habitual en el parnaso legendario, donde la observación del firmamento conecta los planos de cielo y tierra. No podía faltar la princesa huida ni el tesoro escondido y, por supuesto, la montaña como mudo albacea de saberes herméticos, juventud y riquezas refulgentes.

 

3. El pintor deslumbrado.

Cuadro VArela

Aunque no ha tenido el reconocimiento de un Cezanne y, por ello, su firma no consagra fácilmente una montaña, Emilio Varela capturó en cartones iluminados el embrujo de las tierras altas alicantinas. El Mas del Molí de Benimantell fue su base de operaciones, la sierra de Aitana el escenario de su mirada y las primeras décadas del siglo XX el marco cronológico de su exploración pictórica. De él dijo su maestro Sorolla que le superaba en dominio del color. Y el Peñón Divino no escapó a su ojo ni a su mano, entrenada en reflejar mediante pinceladas la emoción de un paisaje pasado por una inigualable introspección sensible.

 

 

4. Un relato cruel y hermoso.

Años y leguas

Compañero de correrías agrestes de Varela, el escritor Gabriel Miró componía junto con el pintor y con el músico Óscar Esplá la tríada de eminencias que constituyó el núcleo de una suerte de grupo Bloomsbury alicantino. Su obra está trufada de estampas literarias memorables. Una de ellas incluida en las páginas de su obra capital Años y leguas introduce el relato, a la vez terrible y hermoso, de un campesino del barranco de Tagarina. Narra la estratagema de unos lugareños decididos a acabar con una pareja de águilas anidadas en el Peñón Divino. Consistía en descolgar un pelele de paja desde la cima y dejarlo durante en días frente al abrigo donde las águilas criaban. Repelidas por el monigote, las aves asistían a la agonía de sus polluelos y se lanzaban en picado cuando estos caían del nido, convirtiéndose en blanco fácil de los cazadores.

 

-¿Y lo de las águilas del Peñón Divino?

-¡Es verdad!

Encendió la pavesa del cigarro en un candil del muerto y siguió:

-En amaneciendo volvíamos al tajo. Los padres lo rodeaban. Se les sentía crujir de rabia. Los aguiluchos volcaban el cuello fuera de la cueva. Y otro día, y otro día, hasta que se dejaban caer. Eran ya de pellejos vacíos; algunos se aplastaba; otros daban en lo blando de bojas y hierbas. Se precipitaban la pareja, y entonces nosotros les disparábamos y los rematábamos. Gritaban como personas.

 

 

 

5. El magnetismo.

carlos tudela

Desde que Pedro Jorge Notario, uno de los pioneros de la escalada en la Comunitat Valenciana, se adentró en los recónditos valles ubicados entre los término de Sella y Benimantell ha llovido mucho. Corría 1970 cuando el lienzo sur del Penyo Diví y sus 400 metros de desafío vertical, fueron perforados por las chapas que más tarde acogerían mosquetones y cuerdas. La mítica vía Notario-Maldonado se convertía apenas un año después en objetivo de una cordada inglesa. A partir de ahí, el magnetismo de la montaña no ha dejado de intensificarse, imantando como alfileres a miles y miles de escaladores venidos del todo al mundo. Las escuelas de Sella son, desde hace décadas y por derecho propio, uno de los paraísos mundiales de la escalada deportiva. El Penyo del Diví sigue ejerciendo su poder y jugando desde su inmensidad con el frágil destino humano.

 

Si he logrado convencerte que el Penyo Diví merece entrar a formar parte de la selecta relación de montañas sagradas del mundo, puedes compartir esta entrada. Así su sombra se hará más alargada y entrará de lleno en el ciberespacio.

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Jordi Navas

Apasionado de las pasarelas, las que nos transportan de la cultura y la comunicación a la vida. Periodista, profesor, historiador y crítico de arte y arquitectura, doctor en filosofía y letras y hacker impúdico de todas esas cosas y alguna más.

Jordi Navas