El camino multiorgásmico según Oona Chaplin (Juego de Tronos) y los monjes taoístas

Oona Chaplin

“Es trágico que algo tan sabroso se reduzca a… acabar”, concluía la actriz Oona Chaplin en una entrevista reciente. Sí, no se equivocan, la nieta de la leyenda Charles “Charlot” Chaplin, está hablando de sexo. Esta treintañera tan seductora, que encarnó a la princesa Talisa en la “Boda Roja”, el capítulo por antonomasia de “Juego de Tronos” en el que no queda títere con cabeza, considera que todos los hombres deberíamos leernos el libro “El hombre multiorgásmico”, y comprender de una vez por todas que tu aportación de semen al mundo está sobrevalorada.

“La eyaculación no es más que un espasmo muscular involuntario que agota la energía masculina. Lo realmente placentero y también saludable es el orgasmo, un proceso físico totalmente diferente”, señala el tailandés Mantak Chia, uno de los coautores de tu próximo libro de cabecera y experto en el arte taoísta del sexo.

Oona Chaplin

Obvio que suena a ciencia ficción eso del “multiorgasmo masculino” pero chicos, si lo dice un mujerón como Oona Chaplin, capaz de derretir con una mirada toda la nieve de Invernalia, habrá que ponerse las pilas. El primer paso, sin duda, es saber de dónde viene todo esto del “multiorgasmo”, que aunque suene a nueva tendencia en materia sexual entre los yuppies de Manhattan, es un conocimiento que ha trascendido durante más de 2.000 mil años, pero que a los occidentales, una vez más, se nos ha pasado por alto.

"Lo que ocurre es que la inercia de la costumbre y la desinformación propia de nuestra cultura sexual suele reservar esas mieles para los que se atreven a buscarlo o los afortunados que lo encuentran casi por casualidad", interpreta el divulgador sexual Óscar Ferrani.

Los monjes chinos taoístas ya comenzaban a hablar de eso del orgasmo múltiple en libros como “Su Nu King”, publicado en el siglo 5 después de Cristo. En este escrito se partía de la inteligente base de que el coito no era algo impuro, sino un método de sanación, así como de catalizador de energías; del yin y el yang masculino y femenino, que ya se imaginarán la manera de equilibrarlo.

Sexo taoista

Aunque había cierto machismo a la hora de interpretar el papel de la mujer en aquella sociedad, la plenitud de una relación pasaba (y esto os va a gustar chicas) porque la mujer llegue a su cénit de placer. A que libere su yang y a que el hombre retenga su esperma. Lo que en nuestra cultura se traduciría en “quedarse a medias”, con los “… llenos de amor” o cualquier otra barbaridad sonsacada del acervo popular. Error. Controlar la salida del semen e incluso no expulsarlo, permite al hombre tener varios orgasmos en una misma relación y, como dice el bueno de Mantak Chia, “entrar en otra dimensión del sexo y de las percepciones, en la que sientes el orgasmo en cada centímetro de tu piel y hacer el amor te regenera en lugar de dejarte agotado”.

Suena muy bien pero la pregunta que viene ahora es ¿cómo? Los taoístas, en esos libros milenarios, ya indicaban, a modo de técnica de aprendizaje, algunas posturas que, partiendo de sus títulos, no tienen desperdicio.

“El mono peleón: La mujer se acuesta sobre la espalda y coloca sus piernas sobre los hombros del hombre que hunde su tallo de jade. La mujer es la que se mueve mientras el hombre gruñe. El acto dura hasta que la mujer alcanza el clímax. Este método cura las 100 enfermedades”. Lo que viene siendo en la actualidad “La catapulta” de toda la vida, pero con la posología que te detalla este escritor, percibes que la cosa va más en serio. Bueno, depende del éxito de “La catapulta”.

El conocimiento sobre el sexo taoísta ha ido evolucionando. Mantak Chia y Douglas Abrams insisten en que para llegar a alcanzar esta meta es necesario trabajar la respiración y la concentración, pero también los músculos sexuales, concretamente la musculatura pubococcígea (PC), que forma el suelo pélvico. Es decir, realizar los conocidos ejercicios Kegel. Explican que la forma más sencilla "de localizar el músculo PC es detener el flujo de orina, cerrando los músculos de la pelvis al ir al baño" y aprender a controlarlo a voluntad.

taoista

Otros expertos, como el urólogo especialista en Medicina Sexual, Carlos Balmori, han diseccionado mucho más los conceptos de orgasmo y eyaculación para aprender a manejarlos. El primero, según este doctor, abarca una experiencia corporal completa, que incluye taquicardia, hiperventilación, aumento de tensión arterial, contracciones musculares y, finalmente, relajación completa y sensación de bienestar. “La eyaculación solo es el espasmo o contracción de las glándulas y estructuras genitales que favorecen la emisión del semen. Es una pequeña fracción, aunque intensa y placentera, que puede formar parte de la culminación, o no”, dice.

Pero ojo, ellas también tienen trabajo en todo este viaje hacia la plenitud sexual. “El arte de la mujer consiste en ayudar la eyaculación y para ello hay todo tipo de prácticas, como los ejercicios con el huevo de jade que fortalecen el músculo vaginal, un placer intenso para el hombre y una fuente de salud para las féminas”, argumenta Mantak Chia en “El hombre multiorgásmico”.

El objetivo de todo este conocimiento, según los taoístas, es abrir las tres puertas de la mujer y activar las tres aguas que son el clítoris, el punto G y el cuello del útero. El hombre, tal y como especifica esta filosofía, debe lograr este “hat trick” sensorial y prepararla para la penetración.

”Cuando lo consigues, entonces amor, dulzura y éxtasis ofrecen la posibilidad de un orgasmo tras otro. Pero hay algo más importante que debo decir. Los antiguos taoístas no contemplan el sexo sin amor”. Lo siento por Mantak Chia y por Oona Chaplin pero esa dicotomía tan romántica y tan controvertida, por lo menos, se merece otro artículo.